Ciudadanía y bien común
1 de junio de 2026 a las 07:22 p. m.
Una reflexión desde San Agustín
En tiempos donde el individualismo, la confrontación y los intereses particulares parecen imponerse sobre el bien colectivo, el pensamiento del padre de la Iglesia, San Agustín de Hipona, mantiene una sorprendente vigencia sobre el verdadero sentido de la ciudadanía.
“El orden de esta paz consiste primero en no hacer mal a nadie, luego en ayudar a todo el que pueda”, escribió en De Civitate Dei, dejando una enseñanza que trasciende lo religioso para convertirse en un principio elemental de convivencia social. En una sociedad democrática, la ciudadanía no se limita al ejercicio de derechos, sino también al compromiso ético con el prójimo y el bien común.
Para San Agustín, el servicio constituye una de las formas más nobles de la vida pública: “El oficio de servir es mérito del recibir”. Esta visión interpela especialmente a quienes ejercen funciones de liderazgo, recordando que la autoridad no debe convertirse en privilegio, sino en responsabilidad hacia la comunidad.
El pensador también advertía sobre dos maneras opuestas de construir sociedad: una basada en el amor al prójimo, la verdad, la fraternidad y la paz; y otra impulsada por el egoísmo, el afán de dominio y la manipulación del bien común para intereses personales. Una reflexión que, siglos después, sigue planteando preguntas esenciales sobre el tipo de ciudadanía y de país que se quiere construir.